Anaga

Se cree que hay un asentamiento en medio de la montaña, donde las brujas cubren el bosque a medianoche y comienzan a cantar en voz alta.

Uno de nuestros lugares favoritos es la parte norte de la isla. Es una zona apartada y salvaje caracterizada por bosques de laurisilva alimentados por las altas precipitaciones. Su punto más alto es de 1024 metros, y desde que funcionaba como volcán se han desarrollado muchas formas características. Bueno, en medio de esta montaña hay un lugar llamado El Bailadero, donde se cree que las brujas de Anaga practicaban sus encantos y bailaban alrededor de una hoguera. Durante las partes de la ceremoniaLas brujas desembarcaron, se arrojaron al agua y nadaron desnudas.

Aunque no existe evidencia escrita de su existencia, la tradición oral sostiene que estas damas con largos vestidos negros se escondían en los bosques brumosos, mantenían alejados a los no asistentes cantando directamente en los troncos de los árboles y con voces agudas, mientras otros bailaban alrededor del fuego. Puede que nunca sepamos qué es cierto al respecto, pero lo cierto es que los lugareños conservan estas tradiciones, como lo demuestra un artículo de 1982 en el que Domingo García Barbusano relata que innumerables personas vestidas con ropas negras y abrigos cálidos aparecen a medianoche en el bosque. Éstas son verdaderas brujas, sus amigas y aquellas que recién están comenzando a ingresar al mundo de la brujería.

Una cosa es segura, El Bailadero de Anaga es un lugar muy místico, inusual y mágico donde nosotros mismos podemos conectarnos con la naturaleza y los misterios.

Información útil sobre Anaga

¡La cadena montañosa que fascina, cautiva y arde en tu retina para siempre!

Tenerife, si nos fijamos, es un pato sin patas, orientado al este. Por eso a menudo nos referimos a sus unidades territoriales marcándolas como partes del cuerpo del animal. En este caso, Anaga es el pico del pato, ¡en cuyos paisajes salvajes podemos realizar hermosos y emocionantes recorridos! Descubrir las montañas es sinónimo de un viaje claramente lleno de sabores rurales a tiempos pasados, ¡cuando el hombre aún vivía en estrecho contacto con la naturaleza! En las montañas cubiertas de verdes mantas de laurel llenas de bordes afilados y profundos barrancos densamente sucesivos, aquí y allá emergen pequeñas y acogedoras granjas.

Cuando hace buen tiempo, a menudo podemos disfrutar de la vista del Teide, pero siempre debemos estar preparados para las precipitaciones: si el paisaje no está en una misteriosa colcha de niebla, aún podemos sorprendernos por la lluvia o los fuertes vientos. Así elegimos nuestro atuendo – aunque el sol brilla siete veces en la orilla del océano, ¡la temperatura en la montaña puede ser hasta 10 grados más baja!